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El Municipio de Jilotepec entre el Turismo y el Peligro de Sostenibilidad Hídrica.

Agradecemos esta opinión a la investigación realizada por Carlos Uzziel Calderón Romero, alumno de la Licenciatura en Planificación para el Desarrollo Agropecuario.

El municipio de Jilotepec, ubicado en el Estado de México, es conocido como un pueblo mágico con cerca de 87 mil habitantes, y en donde se encuentran diversos recursos naturales como la presa Danxhó y el Parque Las Peñas. Ambos sitios turísticos son, al mismo tiempo, la mayor riqueza y la mayor vulnerabilidad del municipio.

En la actualidad, el problema de la disponibilidad del agua es una crisis que se está considerando seria a nivel nacional y en el municipio no es la excepción. Su demanda constante para las actividades domésticas, agrícolas o turísticas, están alcanzando un límite de lo que la presa puede ofrecer, por lo que corre el riesgo de perder este ecosistema hídrico lo que tardó siglos en construir.

Para entender la magnitud del reto es necesario conocer el municipio a profundidad: Jilotepec cuenta un grado de marginación media, en el que su población enfrenta carencias reales aunque no estructurales, tales como: el acceso desigual a educación, ingresos insuficientes, con ligeros estratos de la población carecen de abasto formal de insumos básicos. Son datos que describen a un municipio que intenta hacer mucho con recursos limitados: financiar infraestructura, mantener servicios básicos y al mismo tiempo, proyectar una imagen turística competitiva. En ese panorama, la presa Danxhó no es solamente un cuerpo de agua, sino una fuente económica, de ecosistema y símbolo de identidad.

La presa Danxhó es un recurso de riego que sostiene por un lado a la actividad agrícola del municipio y sus alrededores. Por otro, es un escenario para difundir actividades recreativas que puedan atraer a visitantes durante todo el año, tal es el caso de la festividad otomí de Semana Santa. En este situación, recae el conflicto hídrico que se avecina: dos ambitos de demanda sobre un mismo recurso, y cuya oferta no esta equilibrada de acuerdo a sus determinadas condiciones.

Una propuesta de monitoreo bimestral del nivel del embalse (cruzando el promedio de agua disponible en la presa con el consumo agrícola real, verificado a través de  dependencias como la CONAGUA o la SEGIAGUA) puede ser una opción para detectar la distribución del recurso por sectores, un control semanal del consumo por persona y la regularización trimestral del gasto como mecanismos técnicos necesarios. Pero los mecanismos técnicos sólo funcionarán si existe una participación política para aplicarlos y de una ciudadanía informada que los exija.

Cuando el municipio de Jilotepec recibió la denominación de Pueblo Mágico, el sector turistico implico el pasó de ser una actividad ocasional a un eje de desarrollo. El Parque Las Peñas y la presa Danxhó son los sitios de atracción que mayormente concentran afluencia de visitantes, mencionabamos en mayor amplitud durante la festividad otomí de Semana Santa, generando una oportunidad de ingresos, empleos y cohesión comunitaria.

El problema es que el turismo también consume agua, produce contaminación y ejerce presión sobre los ecosistemas existentes. Sin un sistema de capacidad de carga que regule el número de visitantes, el turismo puede convertirse en un factor que pueda acelerar el estrés hídrico y en condiciones de sequía.

 Para atender estas condiciones pueden diseñarse rutas turísticas basadas en servicios ecosistémicos: establecer zonas de uso restringido, vincular la oferta turística al calendario hídrico de la presa y, sobre todo, hacer participar a las comunidades locales en el cuidado de los recursos naturales de la localidad a través de la concientización ambiental, talleres y proyectos enfocados a la conservación y preservación.

Por otra parte, también es importante incentivar planes, programas o proyectos dirigidos al estudio de viabilidad una instalación hidroeléctrica en la presa Danxhó desde un enfoque de sostenibilidad, ayudando la infraestructura a abastecer no solo al municipio de Jilotepec sino también a municipios vecinos transformando a la localidad en un productor activo de energía limpia. Pero ninguna estrategia hídrica, turística o energética es sostenible sin capital humano; ante las irregularidades en los grados de escolaridad definen un rezago educativo de la comunidad para apropiarse de su propio desarrollo.

Estudios abordan un escenario de crisis hídrica proyectada para 2030–2036, el cual no va a resolverse sola. Solo la planeación pública debe ser articulada, técnicamente fundamentada y políticamente respaldada para poder equilibrar la oferta de la presa Danxhó con una demanda que seguirá creciendo. Para ello se requieren acciones concretar que incluya al menos cinco frentes simultáneos:

  • Proponer un sistema de monitoreo hídrico bimestral y trimestral de la presa que vincule los niveles de distribución sectorial del agua.
  • Sugerir un reglamento en cuanto a la capacidad de carga turística, estableciendo un estándar promedio de visitantes que pueda recibir la zona de la presa y el Parque Las Peñas en función del nivel real del agua.
  • Planificar un programa a la conservación y reforestación en las zonas altas de los municipios aledaños, con el fin de garantizar la infiltración a largo plazo.
  • Impulsar políticas hídricas que puedan regular el precio del agua por sectores, previniendo el panorama verdadero sobre la escasez y que los sectores de mayor consumo paguen tarifas que puedan financiar la conservación del liquido.
  • Difundir programas de seguridad alimentaria que aprovechen la tendencia al alza de productos para diversificar la dieta local y reducir la dependencia de cadenas externas de abasto.

El panorama en la localidad refleja lo que sienten las familias de Jilotepec; una incertidumbre económica, una percepción de que el futuro es frágil, que los equilibrios son precarios. Estos efectos aunado al escenario de la escasez de agua de la presa podría presentarse en el año 2036, no es alarmismo, solo es preciso informar a la población para actuar y generar alternativas para conservar y manejar de forma óptima los recursos naturales.

El municipio de Jilotepec tiene muchas acciones por actuar. Si bien la administración del presidente municipal tiene mandato hasta 2027, tiene alternativas cercanas: instituciones como la UNAM formando planificadores para el desarrollo agropecuario, asimismo, existe una identidad cultural otomí que le da cohesión a la comunidad y tiene en la presa Danxhó un recurso que, bien administrado, puede sostener tanto el sector del campo como el turismo durante las próximas décadas.

Pero no descuidemos el tiempo, ya que la proyección de desabasto hídrico para 2030–2036 es una cuenta regresiva recien comenzada. Y ante este escenario, la respuesta correcta no es esperar a que el nivel de la presa baje para actuar: es implementar acciones ahora, mientras el agua todavía llega a la localidad.

Tambien agradecemos la coautoría de la columna a Eduardo Flores Quezada.

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