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La Desinformación sobre los Transgénicos en la Seguridad Alimentaria de México

Al mencionar el término Transgénico, nos lleva a tener una percepción negativa sobre este método, vinculado en el sector agropecuario en la obtención de productos, en especial con el maíz, el cual es representativo dentro del enfoque alimentario en el país.

Por un lado, una tortilla es elaborada en su mayoría con maíz de variedad blanca; y por otro los productos pecuarios como puede ser el cerdo, el bovino o el avicola, en sus respectivas unidades de producción, suele ser alimentado con maíz  de variedad amarilla transgénica, está importada en parte de Estados Unidos. Ante estas circunstancias, es importante saber que las variedades en este caso de transgénicos, son el efecto en los últimos años en cuestión de decisiones políticas alejadas de la evidencia científica y que si no se tiene la debida información puede influir sobre prácticas de mejora para la seguridad alimentaria.

México está enfrentando una crisis silenciosa dentro del sector agropecuario en cuanto a la productividad de la variedad de maíz blanco, el cual el grano ha caído dramáticamente en su producción. Algunos datos reflejan que este año 2025 se estima una reducción del 30% en la producción de maíz blanco, principalmente debido a la inseguridad en los estados productores como lo es Sinaloa, además de la falta de inversión y las efectos del cambio climático, entre otros factores que ponen en riesgo su acceso. Si bien el país se caracteriza por ser cuna del maíz, por las condiciones de su demanda en productos agroalimentarios, México se está viendo obligado a importar maíz blanco transgénico estadounidense para evitar una crisis alimentaria. 

 

Es interesante analizar la investigación sobre los transgénicos, ya que algunos sectores crearon campañas de desinformación que influyeron a grupos ambientalistas con teorías que los transgénicos causan cáncer, que afectarían a la tierra, entre otras teorías, las que posteriormente serían desmentidas por la evidencia científica. 

En nuestro país, algunas de estas teorías desinforman y entrelazan la alternativa en su práctica, vinculando el maíz más allá de un cultivo sino de identidad cultural; cualquier modificación se percibe como una profanación, como una traición a nuestros antepasados. Se difundió falsamente la idea de que cultivar maíz transgénico destruiría las especies originarias, una afirmación que la investigación científica ha desmentido categóricamente.

Existen estudios realizados por el Instituto Politécnico Nacional, en el que científicos han desarrollado investigación seria sobre maíz transgénico, demostrando que estamos hablando de una herramienta tecnológica que puede beneficiar al país. Particularmente el llamado maíz BT (derivado del Bacillus thuringiensis), representa un avance extraordinario. Este microorganismo, presente naturalmente en el ambiente, actúa como un plaguicida biológico; Al incorporar su gen al maíz, la planta desarrolla sus propias defensas contra plagas como el gusano barrenador, reduciendo drásticamente el uso de plaguicidas químicos tóxicos como los organofosforados.

Esta característica convierte al maíz transgénico en una opción más adaptable sin que afecte el medio ambiente, con respecto a las condiciones del maíz convencional. Esta particularidad de menor uso de agroquímicos significa minimizar la contaminación en los suelos y mantos acuíferos, así como una menor exposición de los agricultores a sustancias tóxicas y menor impacto en ecosistemas circundantes.

Existe en el país una prohibición constitucional de importar maíz transgénico para consumo humano directo, pero es contradictorio ya que esta variedad la consumen los animales que después nosotros comemos. Si bien países como Brasil, Argentina, Sudáfrica y Estados Unidos producen enormes cantidades de maíz transgénico debido a su resistencia, es más productivo y más barato, México está pagando precios elevados por un maíz menos eficiente, perpetuando un sistema que castiga tanto a productores como a consumidores.

La caída de la producción en Sinaloa no es solo un problema regional, sólo refleja el concepto de un sistema alimentario construido a bases ideológicas en lugar de evidencias científicas y productivas. Pero también es una oportunidad para tomar en cuenta ventajas que pueden generar adecuadamente productos transgénicos a base de tecnología disponible para abastecer la seguridad alimentaria de 130 millones de personas.

Sabemos la importancia de proteger, mantener y producir las variedades criollas de maíz y no será reemplazable e incompatible con el uso responsable de transgénicos. Para aplicar estas prácticas, existen protocolos internacionales rigurosos y técnicas probadas para evitar la contaminación genética. México cuenta con una buena base en el ramo científico, adaptándolo con la tradición productiva y la capacidad técnica para el uso responsable de la alternativa biotecnología agrícola. 

En la actualidad, la seguridad alimentaria no puede estar sujeta a modas políticas o corrientes ideológicas, sino a las necesidades de la población, de las condiciones y el acceso a los distintos tipos de recursos , en el caso del maíz en México, se enfrenta una escasez en la producción de maíz blanco, por ende, esa necesidad de importar y sin embargo a su vez, prohibir opciones de maíz que podríamos producir. 

Si existe el conocimiento, la tecnología e innovación responsable en torno a la aplicación, manejo y uso del maíz transgénico adaptándolo a la tradición cultural, puede existir una opción para la producción agrícola nacional.

El maíz seguirá siendo esencial desde la percepción cultural para la población nacional, pero no debemos desechar el uso de prácticas que se están aplicando en otros sitios, usar todas las herramientas disponibles en la actualidad para garantizar que nunca falte el bienestar alimenticio de la población es la mejor opción a largo plazo de seguridad alimentaria. 

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